El Despertar de una Nación

En los albores del Siglo XIX la Corona Española perdió el poder. De un plumazo y apoyado en sus tropas, Napoleón les quitó el reino. Del otro lado del Atlántico, aquello fue un llamado para todos los criollos y mestizos que creían en los postulados de libertad e independencia.

La Nueva España vivía en una peligrosa contradicción y la Intendencia de Guanajuato era un ejemplo vivo de ello. La riqueza tocaba sólo un extremo de la sociedad y la pobreza era lo único que se distribuía entre las masas. Por eso, el llamado a la insurrección del Cura Miguel Hidalgo encontró eco en Guanajuato, la Joya de la Corona, el escenario de la primera batalla entre realistas e insurgentes. La victoria de los últimos encendería la mecha de la libertad. Guanajuato y su Alhóndiga de Granaditas serían el símbolo de esa lucha.

Sin embargo, la Guerra de Independencia no era entre desconocidos. El intendente Riaño ―máxima autoridad civil y militar en la región― y el Cura de Dolores, eran amigos y ambos creían hacer lo correcto. Eran dos verdaderos patriotas: uno defendía el mundo que conocía y el otro, apelaba al despertar de una nación, la propia y la de todos los mexicanos.

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