Entre el Recuerdo y la Esperanza

El Siglo XIX fue una época de transformación mundial y sin embargo fue difícil para México, a más no poder. En su primera década inició la independencia. Para la segunda éramos un país libre. En la tercera perdimos Texas y en la cuarta nos habían arrebatado la mitad del territorio. Para la quinta empezó a transformarse la nación. Benito Juárez, impulsó las Leyes de Reforma para separar la Iglesia y el Estado: el país se dividió como nunca. Conservadores añorando el pasado y volteando a ver a Europa y liberales suspirando por el modelo de progreso de nuestro vecino del norte.

Tanta era la discordia, que para la sexta década del  siglo XIX, fuimos botín para la Francia de Napoleón III, quien impulsó el Imperio de Maximiliano de Habsburgo, el Príncipe austriaco que se soñaba sentado en el  trono de Moctezuma.

En esas lides, el Presidente Juárez, encarnando a la nación ―que le cabía en su negra diligencia―, llegó a Guanajuato y la nombró Capital de la República. También Maximiliano estuvo aquí. México se debatía entre el recuerdo de las glorias pasadas y la esperanza del desarrollo. Juárez consolidaría la nación. Guanajuato recuerda con orgullo su corta, pero simbólica estancia en la ciudad.

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