El Cerro de la Bufa y el Pastor

Si llegas, viajero, a Guanajuato por el Sur, será el gran peñón de la Bufa, quien te de la bienvenida.

Cuenta la leyenda que la enorme roca encierra en su interior a una princesa hechizada, que quiso burlar a su marido con un humilde pastor. Cuando el ultrajado conyugue, que era un poderoso hechicero, descubrió la traición, a él lo convirtió en una roca, que se conoce como El Pastor y con espantoso estruendo, hizo surgir de la tierra un peñasco gigantesco, que los guanajuatenses hoy llamamos de la Bufa.

Dentro, en una gran cueva, la enclaustró a  ella, convertida en serpiente. El padre de la princesa —otro hechicero— para consolar a su hija, edificó en el interior de la gruta una réplica de Guanajuato colonial —la ciudad encantada— toda de plata, con filos de oro e incrustaciones de piedras preciosas.

Desde entonces, cada jueves festivo del año, al caer la noche, la serpiente recobra su forma humana y sale al camino. Si por ventura se presenta un buen mozo lo llama por su nombre con voz irresistible; el hombre queda prendado de su belleza excepcional.

―Ayúdame, Lorenzo. Lorenzo es tu nombre, ¿verdad?

―Si, si. ¿Qué quieres que haga?

―Soy una princesa hechizada, vivo prisionera en una cueva en la que se esconden riquezas inmensas, serán tuyas si me llevas en brazos hasta el altar mayor de la Basílica de Guanajuato, así podré librarme del hechizo.

―Es increíble lo ligera que estás, no pesas nada. Eres bellísima.

Comienza a caminar, pero fíjate bien: no voltees hacia atrás. Por más que escuches voces que te llamen o ruidos estremecedores, pase lo que pase debes mirar siempre al frente, sin turbarte.

No han faltado mozalbetes que intenten la insigne proeza. Ninguno ha podido conservar la serenidad ante las terribles imprecaciones y amenazas que el marido burlado vocifera a sus espaldas. En cuanto voltean, sienten cómo la hermosa mujer que llevan en brazos se transforma en una espantosa serpiente que vuelve, reptando a toda prisa, hacia su cueva.

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