Templo de Belén

El Templo de Belén pide poco protagonismo para sí. A primera vista, llaman más la atención sus vecinos, como el mercado Hidalgo o la Alhóndiga, y la facultad de arquitectura le roba vista.  Pocos saben que esta facultad ocupa donde antes era el hospicio y convento de los betlemitas y el adjunto Jardín Reforma era su huerta.

 Todo este mayúsculo conjunto que incluía la propia Iglesia de Belén y hasta su panteón comenzó a construirse en 1727. El templo, patrocinado en parte por el Conde de Valenciana Don Antonio de Obregón y Alcocer, y se concluyó 50 años después. El florecimiento de la ciudad en el siglo XVIII obligó a extender su traza, a modificar sus calles y a dejar espacios para nuevas obras civiles y religiosas de rica arquitectura. Los edificios de los betlemitas ―levantados en lo que fuera una hacienda de beneficio de minerales― eran ejemplo de ello.

De estilo churrigueresco, el templo de Belén ―cuya única torre quedó inconclusa― conserva en su interior ejemplos de estilos artísticos posteriores, destacando el púlpito y el retablo mayor por su trabajo de orfebrería y estofado.  Gracias a un proyecto de restauración reciente, se logró preservar la decoración interior de este recinto religioso.

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