Templo de Cata

El espíritu religioso fue imperante en el tiempo del Virreinato de la Nueva España y principalmente en Guanajuato, cuyas riquezas permitieron a los mineros construir capillas y templos en los lugares de trabajo.

Cuenta la tradición que la imagen del Cristo que se venera aquí, fue enviada por el rico minero Alonso de Villaseca —propietario de grandes minas en Ixmiquilpan, Cardonal y Zimapán— para una de las haciendas que tenía en Cata. Los trabajos de construcción iniciaron en 1709, y tras largos periodos de suspensión se concluyeron en 1789. El motivo de que se llevara tantos años para terminarla fueron  las altas y bajas en la producción minera de Cata.

La iglesia fue creciendo, con muchas modificaciones de su traza original y ahora, el Santuario del Mineral de Cata es un importante centro religioso a nivel nacional, ya que a él acuden fieles de todas las regiones del país a venerar la milagrosa imagen del Cristo de Villaseca, impulsados por la fe de conseguir indulgencias, bienes y favores.

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