Templo y Plaza de la Valenciana

En el templo de La Valenciana resulta difícil fijar la mirada, pues en ella se aprecian  sus tres retablos estofados ―entre ellos el principal, dedicado a San Cayetano―, la mampostería tallada y el púlpito con incrustaciones de marfil que llaman la atención y expresan contundentemente el espíritu del churrigueresco mexicano. La fachada de cantera es un bello y logrado ejemplo de este estilo en boga en los tiempos de prosperidad minera de la ciudad.

La Mina de La Valenciana, bajo el exitoso mandato de Don Antonio Obregón y Alcocer, daba para pagar la construcción de este recinto y más. Obregón y Alcocer fue así mismo primer Conde de la Valenciana, y no escatimó en ningún detalle que enriqueciera este templo que remata de manera altiva el cerro en el que se desplanta, y es un fiel reflejo de la riqueza que la gente de “La Valenciana” generaba.  La construcción inició en 1775 con el patrocinio de los propietarios de la mina y se complementó con la limosna de los fieles. La dirección de la construcción estuvo a cargo  de los arquitectos Andrés de la Riva y Jorge Archundia.  El templo de San Cayetano o de La Valenciana, como mejor se conoce, abrió sus puertas en 1788 y desde entonces es uno de los mayores orgullos de los guanajuatenses.

El edificio religioso es de planta de cruz latina con una cúpula octogonal.  Se conserva parte del mobiliario original.

Anexo al templo se construyó un convento que jamás fue ocupado por ninguna orden.  Eventualmente se convirtió en casa de los vicarios, después fue colegio de lenguas clásicas, cuartel y almacén. La Universidad de Guanajuato recuperó el lugar para destinarlo a su Escuela de Filosofía y Letras.

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